jueves, 11 de noviembre de 2010

PERSONA SEGUNDA

No te gusta el día de Todos los Santos y has preferido quedarte ahí sentado, con este libro en la mano. Ella, sin embargo, se ha puesto una sudadera rosa y ha salido a la calle. Te encanta el color rosa; por eso, desde que en la página veintiséis leíste que ella, a menudo, se viste de rosa, continúas enganchado y clavas tus ojos en su historia. El color rosa es el rosado de las batitas que usaban las niñas cuando ibas al colegio; es el rosa de la piel de Espinete; el de la minifalda que más usaba aquella rubia llamada Xuxa que veías, de pequeño, en la tele de la sala; las flores que le regaló tu padre a tu madre cuando nació tu hermana eran, también, rosas. Todos esos recuerdos se están avivando cuando lees que a ella, a la que hoy va caminando por la acera; la saluda, desde el autobús, el chófer. Él suelta la mano del volante, agita la mano en el aire y la sonríe. Ella responde levantando su brazo escondido debajo de la manga rosa de su sudadera, mueve de derecha a izquierda su mano, una vez, otra vez, tres veces. Tú continúas recordando. Ella sonríe, con sus labios rosas enarcados hacia arriba, sin dejar de mirar al autobusero. Te preguntas si ella llevará puestas, también, bragas rosas, como las de seda que colgaba tu madre en el tendedero.

Fdo: Sucette D´Ment
Sersmitu, 4764-39.